ENCUENTROS CERCANOS
domingo, octubre 09, 2005

Una invasión extraterrestre en Lima



No se trata que en Octubre hallan llegado los ovnis a Lima.
Ni que hay hombrecitos verdes metidos dentro de algún abducido o secuestrado caminando por las calles de la ciudad virreynal.

La prensa peruana no ha tratado el tema, ni lo ha analizado, salvo algunas excepciones, como sí podría haber ocurrido en otra ciudad del orbe.
Y es que desde el pasado 13 de Octubre, en el Auditorio del Centro Cívico de Lima, se reunen una serie de expertos de reconocida trayectoria en el estudio del fenómeno Ovni, quienes exponen interesantes experiencias sobre este fenómeno.
Los organizadores son los entusiastas amigos de ALFA y OMEGA.
Tal vez, ellos aún desconocen que aquí en el Perú no ha calado, como en otros países, el interés sobre la ufología y el fenómeno Ovni.
Menos aún, si Alfa y Omega sitúa el fenómeno en un contexto Místico y Religioso.
Y es que no existen Medios Periodísticos serios que analicen y debatan estos temas.
El fin de semana asistí al evento y pude escuchar los argumentos de un contactado: Jonathan Reed.
Una versión muy polémica sobre su encuentro con un extraterrestre, sobre todo si existen quienes cuestionan en otros lugares del mundo su experiencia.
Esta es una versión de lo que escuché.



ENCUENTROS CERCANOS CON UN PEQUEÑO TIPO.

Por Jorge Urbina






“Susie”, la pequeña mascota de Jonathan, ladraba sin cesar.
Paseaba por el bosque como todas las tardes, jugando y saltando sobre el césped mezclado con las hojas secas depiladas de los árboles, pero, tras alejarse de su dueño una decena de metros más allá, algo la detuvo.

Sus ladridos se aceleraban y Jonathan Reed, un sicólogo norteamericano de 37 años, un poco desconcertado, corrió, raudamente, tras su mascota pues pensó que algo extraño ocurría.




Al instante cogió un tronco de árbol seco, pero resistente, que halló muy cerca de allí en el suelo.
Fue un impulso extraño pues intuía que algo extraño se acercaba.
- ¿Será un oso o un ave de rapiña? – pensó Jonathan, tras llamar insistentemente a “Susie”.
- “Susie”… “Susie”… ¡ven!… ¿Dónde estas, preciosa?
Los ladridos continuaron, pero después se convirtieron en quejidos.
Jonathan sintió cierto temor.
Llegó y se quedó estupefacto.
Sus pies le temblaron y, al instante, no pudo articular palabra alguna.
Se alisó su cabello cano con su mano derecha.
Se apretó sus labios y sus gruesos bigotes se montaron sobre ellos.
Tomo una bocanada de aire y suspiró profundamente.
No podía creer lo que veían sus ojos.
Un pequeño ser, que parecía un niño de dos años, estaba frente a él.
Con sus duros dientes había cogido a “Susie” de una de sus piernas.
No soltaba al can.
La pierna, incluso, sangraba sin cesar.
Sin embargo, tras el incidente, los quejidos de “Susie”, simplemente, terminaron.
La mascota, para sorpresa y admiración, desapareció.
Jonathan no articulaba palabra alguna.
Estaba estupefacto.
Pero, tal fue su ira por lo que ocurrió con su pequeña “Susie” que, simplemente, con el tronco seco y duro que tenía en la mano, le dio un fuerte golpe en el cráneo.
El tronco se rompió, pero aquel pequeño ser, tras recibir aquel golpe, se desplomó al suelo y comenzó a sangrar por la herida que le había abierto.
Brotaba a borbotones una sustancia rojiza muy extraña.
Reed quedó consternado.
Se sintió enfermo.
La cabeza le daba vueltas.
Las diarreas le sobrevenían y la respiración se detenía.
Quiso sobreponerse pero ese malestar se impuso.
Cayó al suelo.
Pasaron los minutos y trató de sobreponerse.
A lo lejos llegaba a sus oídos un extraño ruido.
Por un momento pensó que llegaban más visitantes al bosque, pero no era así.
Un fuerte zumbido llegó a sus oídos y cada vez se hacía más intenso.
Un objeto negro que emanaba un fuerte brillo flotaba sobre él.
El desconcierto se hacía mayor.
Todo ocurrió rápidamente como si se tratara de una película de Ciencia Ficción.
Tocó el objeto negro y brillante y, luego, sintió que se había tele transportado a otra dimensión.
Se percató que había legado a una habitación oscura.
Pero Jonathan soltó el objeto y todo, al instante, volvió a la realidad como si con un chasquido de los dedos hubiera hecho desaparecer todo al momento.
Jonathan sintió que sus manos le ardían.
-¡Qué tonto, pero si aquí está mi cámara fotográfica! – pensó Jonathan-, ¡Vaya lo que me pierdo!

Un click tras otro click.
Tomó fotos del objeto y de ese extraño ser que aún yacía arrojado sobre el césped.
Cerca de allí había un extraño brazalete.
Tenía tres raras inscripciones.
Parecían aquellos símbolos similares a los que encontramos en las míticas culturas del Oriente Medio.
Reed tras cogerlo con sus manos y observar sus extrañas inscripciones lo guardó en su pequeña mochila.



Siguió tomando fotos pero la cámara empezaba a fallar.
- ¿Y ahora qué hago? ¿No dejaré que este cuerpo raro se quede aquí? – Pensó, mientras miraba a ambos lados y tocaba sus manos sacándoles crujientes sonidos.

Reed, tras envolver al pequeño ser con una vieja manta, levantó el cuerpo, lo llevó a su auto Jeep y fue a su casa.
- Este cuerpo mejor lo meto al congelador de la cochera y así quedará quieto. – pensó, y, sin dudas ni murmuraciones, abrió la puerta del congelador y dejó a su víctima en su interior.

Pasaban las horas y Reed no salía del susto.

Cogió su cámara de video y, tras sacar el cuerpo del congelador, lo llevó al extraño ser a la sala de su casa.

Allí comenzo a sacar más imágenes.

Tenía que haber un registro visual para que le crean, pensó.

El ser tenía la piel verdosa.

Parecía un niño, un enano.

Su boca era como la de un pez muerto.

Pero, lo más admirable era el vestido negro que llevaba puesto.

Parecía que este formaba parte de su piel.

Asi, transcurrieron tres dias, tres dias, de malestares, mareos e interrogantes sobre el origen de ese pequeño ser.

Escuchó, sin embargo, extraños ruidos que lo llevaron a abrir nuevamente el congelador.

Al abrir la puerta se dió con una admirable sorpresa.

El extraño ser comenzó a gritar como niño destemplado.

Había sobrevivido a las bajas temperaturas.

La odisea de Reed duró 9 días.

El entendíó, finalmente, que tenía que entrar en contacto. con ese pequeño ser.

Fredie, así lo llamó, se comuncaba telepáticamente con él hasta que, tras pedir ayuda gubernamental, fue intervenido por unos hombres quienes luego, tras inrrumpir un día en su casa, trataron de robarse sus pruebas.

Se llevaron varias cosas, pero no lo más importante.

Fredie ya había huido.

Jonathan Reed huyó a Canada y fue ayudado por una organización humanitaria.

Hoy, Fredie, para su alegría, lo visita y lo encuentra en cualquier lugar a donde viaja.

(continuará....)

escrito por cronicas peruanas el 13:29
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Sobre Mi

Mi nombre es Jorge Luis Urbina
Tengo 45 años.
Soy Editor periodístico,
en un canal de la televisión peruana.
Soy Tarotista e investigador en temas esotéricos y del alma


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